Siniestralidad vial en República Dominicana: cómo se compara con la región
República Dominicana registra la tasa de mortalidad vial más alta de América Latina con 27,4 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021), cifra que supera cinco veces la de Cuba, el país mejor posicionado de la región, y duplica el promedio latinoamericano.
República Dominicana ocupa el primer puesto en siniestralidad vial dentro de América Latina, con una tasa de 27,4 muertes por cada 100.000 habitantes según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud para 2021 (OMS). Esta cifra coloca al país caribeño en una situación crítica frente al resto de la región y muy alejada de los estándares internacionales de seguridad vial.
La brecha con los referentes mundiales
Para dimensionar el desafío, basta comparar la tasa dominicana con la de países líderes en seguridad vial: Noruega registra 1,5 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021), Suecia 2,1 (OMS 2021) y Reino Unido 2,4 (OMS 2021). República Dominicana supera en más de diez veces estas referencias europeas, evidenciando una distancia estructural en materia de prevención, infraestructura y fiscalización.
Dentro de América Latina, la situación tampoco es alentadora. El promedio regional se ubica en 15,0 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021), mientras que la mediana es de 13,6 (OMS 2021). República Dominicana casi duplica el promedio y supera ampliamente la mediana, confirmando que su problema de siniestralidad excede con creces los valores típicos de la región.
El ranking latinoamericano: quién está mejor y quién peor
El relevamiento de la OMS abarca 19 países de América Latina. En la cima del ranking —con las tasas más altas— aparecen, además de República Dominicana en primer lugar, Ecuador con 23,4 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021, posición 2), El Salvador con 21,5 (OMS 2021, posición 3) y Paraguay con 21,0 (OMS 2021, posición 4). Le siguen Honduras con 18,5 (OMS 2021, posición 5) y Bolivia con 17,6 (OMS 2021, posición 6).
En el extremo opuesto, Cuba cierra el ranking con la tasa más baja de la región: 5,4 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021, posición 19). Le preceden Panamá con 7,3 (OMS 2021, posición 18) y Argentina con 8,8 (OMS 2021, posición 17). La diferencia entre República Dominicana y Cuba es de 5,1 veces (OMS 2021): en otras palabras, la tasa dominicana quintuplica la cubana, pese a compartir la misma región geográfica.
En posiciones intermedias del ranking se ubican países como México con 12,0 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021, posición 15), Chile con 10,3 (OMS 2021, posición 16), Perú con 12,7 (OMS 2021, posición 13) y Uruguay con 13,0 (OMS 2021, posición 12). Colombia registra 16,2 (OMS 2021, posición 7) y Brasil 15,7 (OMS 2021, posición 8), ambos por encima del promedio regional pero todavía por debajo de República Dominicana.
¿Por qué estas diferencias?
Las cifras de la OMS son estimaciones que intentan corregir el subregistro característico de muchos países de la región (OMS). En varios casos, los datos oficiales nacionales difieren —a veces sustancialmente— de las estimaciones internacionales. Esto ocurre porque no todos los países cuentan con sistemas homogéneos de registro, y porque las causas de muerte no siempre se clasifican de manera uniforme en los certificados de defunción.
Por ejemplo, en Argentina la cifra oficial de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) reportó 4.327 muertes viales en 2025 (ANSV 2025), mientras que la organización Luchemos por la Vida estima 7.117 muertes para el mismo año (Luchemos por la Vida 2025), una diferencia del 64% equivalente a 2.790 víctimas (ANSV vs. Luchemos 2025). Esta brecha metodológica entre fuente oficial y estimaciones de ONG especializadas es un fenómeno recurrente en la región.
República Dominicana no escapa a esta realidad. Su elevada tasa estimada puede reflejar tanto una alta incidencia real de siniestros viales como diferencias en la calidad del registro. Sin embargo, la magnitud de la brecha con otros países de la región sugiere que el problema excede lo metodológico y apunta a factores de fondo: calidad de la infraestructura vial, cumplimiento de normativas, control del consumo de alcohol al volante, uso de cinturón de seguridad y casco, y fiscalización del exceso de velocidad, entre otros.
Motocicletas: un factor compartido en la región
Aunque los datos específicos de República Dominicana no están disponibles en este relevamiento, la experiencia de otros países de la región arroja pistas sobre posibles factores de riesgo compartidos. En Argentina, el 42% de las víctimas fatales viajaba en moto (ANSV 2025), pese a que las motos representan apenas el 14% del parque vehicular (ANSV 2025). Esta sobre-representación —tres veces superior a su peso en el parque— es un patrón común en América Latina, donde la moto es el medio de transporte más accesible y más vulnerable al mismo tiempo.
Los peatones también concentran una proporción importante de las víctimas. En Argentina, los peatones representan aproximadamente entre el 18% y el 22% de las víctimas fatales viales totales (ANSV 2024), y el 76% de los atropellos fatales ocurre en zona urbana, principalmente en cruces sin semáforo o con semáforo amarillo intermitente (ANSV 2024). La falta de infraestructura segura para la movilidad activa es otro denominador común de la región.
Demografía y horarios: los patrones de riesgo
La distribución demográfica de las víctimas viales también sigue un patrón regional. En Argentina, el 79% de las víctimas son varones (ANSV 2025) y el 41% tiene entre 15 y 34 años (ANSV 2025). La franja más joven de la población económicamente activa —aquella que trabaja, estudia, se traslada— es la que paga el precio más alto.
El análisis de franjas horarias revela otro dato significativo: el 28% de las víctimas se concentra los domingos (ANSV 2025), y el 11% de las víctimas anuales ocurre en la franja del domingo entre las 4 y las 8 de la mañana (ANSV 2025). Este patrón de concentración en horarios nocturnos y de fin de semana se asocia habitualmente con el consumo de alcohol y la fatiga al volante.
El costo económico y social
Más allá de las tasas y los rankings, la siniestralidad vial representa un drenaje económico y humano de enorme magnitud. En Argentina, Luchemos por la Vida estima que el costo económico anual de los siniestros viales asciende a 2,38 billones de pesos, equivalente aproximadamente al 1,9% del PBI (Luchemos por la Vida 2025). Si bien no contamos con estimaciones equivalentes para República Dominicana, es razonable suponer que un país con una tasa de mortalidad vial el triple de la argentina enfrente un costo proporcionalmente mayor.
Este costo incluye gastos médicos, rehabilitación, pérdida de productividad, costos judiciales, daños materiales y el impacto psicosocial en las familias afectadas. En contextos de alta siniestralidad, los sistemas de salud y los servicios de emergencia operan bajo presión permanente.
¿Es posible la mejora?
La respuesta es sí, pero requiere políticas sostenidas en el tiempo. Argentina, por ejemplo, redujo sus muertes viales en un 43% entre 2008 y 2025 (ANSV), pasando de 7.557 víctimas en 2008 a 4.327 en 2025 (ANSV). Esa reducción no fue obra del azar: implicó reformas normativas, campañas de concientización, mayor fiscalización y mejoras en infraestructura.
Doce provincias argentinas aplican alcoholemia cero hasta abril de 2026 (ANSV 2025), y el país se comprometió a reducir en un 50% las muertes viales para 2030 respecto de 2020 en el marco de las metas de la ONU (ANSV 2025). Sin embargo, incluso con estos avances, la brecha con los países líderes sigue siendo enorme.
Para República Dominicana, el desafío es aún mayor. Reducir la tasa actual de 27,4 a niveles comparables con los mejores de la región —digamos, los 5,4 de Cuba o los 7,3 de Panamá— implicaría una transformación integral del sistema de movilidad, desde la legislación hasta la cultura vial.
Lecciones de los países mejor posicionados
Cuba, Panamá y Argentina —los tres países latinoamericanos con las tasas más bajas— comparten algunos rasgos: legislación más estricta en materia de consumo de alcohol al volante, mayor fiscalización del cumplimiento de normativas y, en el caso de Argentina, una caída sostenida de la mortalidad vial durante la última década y media.
Chile, con 10,3 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021, posición 16), ha implementado en los últimos años programas de mejora de infraestructura vial y campañas permanentes de educación. México, pese a estar en el puesto 15 con una tasa de 12,0 (OMS 2021), ha reforzado el control de velocidad en carreteras federales y promovido el uso del cinturón de seguridad en zonas rurales.
Los países del extremo superior del ranking —Ecuador, El Salvador, Paraguay, Honduras y Bolivia— enfrentan desafíos estructurales similares a los de República Dominicana: parques vehiculares envejecidos, alta proporción de motocicletas, infraestructura vial precaria en zonas rurales y fiscalización insuficiente.
Conclusión
República Dominicana lidera un ranking que nadie quiere encabezar. Su tasa de 27,4 muertes viales por cada 100.000 habitantes (OMS 2021) es la más alta de América Latina, casi el doble del promedio regional y cinco veces superior a la de Cuba, el país mejor posicionado.
El dato no es solo una estadística: detrás de cada número hay familias destruidas, carreras truncadas, costos económicos millonarios y servicios de emergencia al límite. Mejorar esta situación no es imposible —la experiencia de otros países de la región lo demuestra— pero exige decisión política, inversión sostenida y un cambio profundo en la cultura vial.
Las cifras de la OMS son un espejo incómodo, pero necesario. América Latina entera tiene pendiente una deuda con sus ciudadanos en materia de seguridad vial. República Dominicana, en la cima del ranking, enfrenta el desafío más urgente.