Siniestralidad vial en Paraguay: cómo se compara con la región
Con 21,0 muertes viales por cada 100.000 habitantes, Paraguay ocupa el cuarto lugar entre los países más peligrosos de América Latina para circular. La cifra triplica la de Argentina y quintuplica la de Cuba, mientras que la brecha con referentes europeos alcanza proporciones alarmantes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que Paraguay registra una tasa de 21,0 muertes viales por cada 100.000 habitantes (OMS 2021), ubicando al país guaraní entre los de mayor siniestralidad vial de América Latina. Esta cifra sitúa a Paraguay en la cuarta posición de un ranking regional de 19 países, apenas por debajo de El Salvador (21,5), Ecuador (23,4) y República Dominicana (27,4) —este último el peor de la región— pero muy por encima del promedio latinoamericano de 15,0 muertes por cada 100.000 habitantes (OMS 2021).
Una tasa que triplica la de Argentina
La comparación con países vecinos resulta especialmente ilustrativa. Mientras Paraguay marca 21,0 muertes viales por 100.000 habitantes, Argentina registra 8,8 en la misma métrica (OMS 2021), lo que significa que la tasa paraguaya es 2,4 veces superior a la argentina. La brecha con Chile es aún mayor: este último alcanza 10,3 muertes por 100.000 habitantes, posicionándose en el puesto 16 del ranking regional.
Brasil, el gigante sudamericano, presenta una tasa de 15,7 —más baja que Paraguay pero todavía por encima de Argentina— mientras que Uruguay marca 13,0 muertes viales por cada 100.000 habitantes (OMS 2021). Colombia, con 16,2, y Bolivia, con 17,6, completan el panorama de vecinos con siniestralidad vial superior a la paraguaya pero inferior a los tres países que encabezan el ranking regional.
Los extremos: de República Dominicana a Cuba
El país con peor desempeño en seguridad vial dentro de América Latina es República Dominicana, cuya tasa de 27,4 muertes por 100.000 habitantes (OMS 2021) supera en 30% a la paraguaya y es 5,1 veces superior a la de Cuba (5,4), el país más seguro de la región. Ecuador (23,4) y El Salvador (21,5) completan el podio de los tres peores junto a Dominicana.
En el otro extremo, Cuba lidera con la tasa más baja del continente: 5,4 muertes viales por cada 100.000 habitantes. Le siguen Panamá (7,3) y Argentina (8,8), los únicos tres países de la región que se acercan —aunque todavía distan— de los estándares europeos de seguridad vial.
La brecha con los referentes mundiales
Cuando se amplía la comparación al contexto global, la magnitud del desafío paraguayo se vuelve evidente. Noruega, el país más seguro del mundo según la OMS, registra apenas 1,5 muertes viales por cada 100.000 habitantes (OMS 2021). Esto significa que la tasa paraguaya es 14 veces superior a la noruega.
Suecia presenta 2,1 muertes por 100.000 habitantes, mientras que el Reino Unido alcanza 2,4 (OMS 2021). Estos tres países europeos —referentes en el paradigma de Visión Cero, que considera toda muerte vial como evitable— exhiben tasas que representan entre el 7% y el 11% de la tasa paraguaya. La diferencia no es solo estadística: refleja décadas de inversión sostenida en infraestructura vial, educación, fiscalización y diseño urbano centrado en la protección de usuarios vulnerables.
Posición en el continente y tendencias regionales
Al ocupar el cuarto lugar entre 19 países latinoamericanos (OMS 2021), Paraguay se encuentra en el cuartil superior de siniestralidad vial de la región. Los países con tasas más altas que la paraguaya —República Dominicana (27,4), Ecuador (23,4) y El Salvador (21,5)— comparten características como alta densidad de motocicletas, infraestructura vial deficiente en zonas rurales y sistemas de control del tránsito con recursos limitados.
Por debajo de Paraguay se ubican Honduras (18,5), Bolivia (17,6), Colombia (16,2), Brasil (15,7), Costa Rica (15,5) y Nicaragua (13,6). Este grupo intermedio —que representa casi la mitad del ranking— exhibe tasas que oscilan entre 1,3 y 1,9 veces el promedio regional de 15,0 muertes por 100.000 habitantes.
La mediana regional se sitúa en 13,6 muertes por 100.000 habitantes, cifra que corresponde a Nicaragua (OMS 2021). Esto implica que Paraguay supera en 54% la mediana latinoamericana, confirmando su posición entre los países con mayor desafío en materia de seguridad vial.
Factores detrás de la alta siniestralidad
Si bien las estimaciones de la OMS no desglosan los factores que explican cada tasa nacional, la literatura especializada en seguridad vial identifica patrones recurrentes en países con alta siniestralidad. Entre ellos destacan la sobre-representación de motociclistas y peatones entre las víctimas, la concentración de siniestros en rutas de dos carriles sin separación física, la conducción bajo efectos del alcohol en franjas nocturnas y la falta de sistemas de respuesta rápida ante emergencias.
En Argentina —país con tasa tres veces menor a la paraguaya— el 42% de las víctimas fatales viajaba en moto (ANSV 2025), a pesar de que las motocicletas representan apenas el 14% del parque vehicular. Esta sobre-representación de 3 veces sugiere que la modalidad de desplazamiento en vehículos de dos ruedas, altamente presente en Paraguay, puede estar contribuyendo de manera significativa a la alta tasa de mortalidad vial del país guaraní.
Asimismo, el perfil demográfico de las víctimas argentinas —donde el 79% son varones y el 41% tiene entre 15 y 34 años (ANSV 2025)— replica patrones observados en toda la región, incluido Paraguay. La concentración de siniestros en franjas nocturnas de fin de semana —en Argentina el 11% de las víctimas anuales ocurre los domingos entre las 4 y las 8 de la mañana (ANSV 2025)— también sugiere la presencia de factores de riesgo como el consumo de alcohol y la fatiga, elementos que trascienden fronteras.
El costo económico y social de la siniestralidad vial
Más allá de las cifras de mortalidad, la siniestralidad vial genera un impacto económico devastador. En Argentina, la organización Luchemos por la Vida estima el costo anual en 2,38 billones de pesos, equivalente al 1,9% del PBI (Luchemos por la Vida 2025). Esta cifra incluye gastos médicos, pérdida de productividad, daños materiales, costos judiciales y efectos indirectos sobre las familias de las víctimas.
Si bien no existen estimaciones públicas equivalentes para Paraguay, la proporción podría ser similar o incluso superior, dado que la tasa de mortalidad vial paraguaya triplica la argentina. El costo humano —familias destruidas, capacidades productivas perdidas, trauma psicológico en sobrevivientes— no admite cuantificación precisa, pero constituye el verdadero núcleo de la crisis vial.
Compromisos internacionales y margen de mejora
La Década de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030 de Naciones Unidas propone a todos los Estados miembros una meta de reducción del 50% en muertes y lesiones viales. Argentina, por ejemplo, se comprometió a reducir 50% las muertes viales para 2030 respecto de 2020 (ANSV 2025). Alcanzar esa meta implicaría, en el caso paraguayo, descender de 21,0 a aproximadamente 10,5 muertes por cada 100.000 habitantes —una tasa similar a la actual de Chile (10,3).
El camino hacia esa reducción requiere intervenciones sistémicas. La experiencia de países que lograron descensos sostenidos —como Argentina, que registró una reducción del 43% en muertes viales entre 2008 y 2025 (ANSV)— muestra la importancia de combinar fiscalización intensiva (controles de alcoholemia, radares), infraestructura segura (rotondas, cruces a nivel separado, ciclovías protegidas), regulación efectiva (licencias graduales, sanciones proporcionales) y campañas de concientización dirigidas a grupos de riesgo.
En Argentina, 12 provincias aplican alcoholemia cero hasta abril 2026 (ANSV 2025), medida que busca desacoplar por completo el consumo de alcohol de la conducción. Políticas similares, adaptadas al contexto paraguayo —donde la motocicleta desempeña un rol central en la movilidad cotidiana— podrían generar descensos significativos en la siniestralidad vial.
Perspectivas y desafíos
Paraguay enfrenta un desafío mayúsculo pero no insuperable. La posición en el ranking regional —cuarto peor de 19 países— indica que existen ejemplos cercanos de mejora. Argentina, Chile y Panamá han demostrado que es posible reducir la mortalidad vial por debajo de la mitad del promedio regional, incluso en contextos de crecimiento acelerado del parque automotor.
El margen de mejora es evidente: descender de 21,0 a 15,0 muertes por 100.000 habitantes —el promedio latinoamericano— representaría salvar aproximadamente 400 vidas al año (estimación basada en la población paraguaya). Alcanzar la tasa de Argentina (8,8) implicaría reducir las víctimas fatales en casi 60%, un objetivo ambicioso pero coherente con los compromisos internacionales asumidos en el marco de la Década de Acción.
La brecha con los referentes europeos —Noruega, Suecia, Reino Unido— puede parecer inalcanzable, pero sirve como recordatorio de que la siniestralidad vial no es un fenómeno inevitable. Cada muerte en la vía pública es el resultado de decisiones humanas, diseño de infraestructura y marcos normativos que pueden modificarse. La pregunta no es si Paraguay puede mejorar sus indicadores de seguridad vial, sino cuánto tiempo y recursos está dispuesto a invertir para lograrlo.